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El silencio y no aceptar lo que somos puede ser una bomba de tiempo

Publicado el 31 julio, 2017 con 0 comentarios

Aquello que no hablamos…nos hace daño

Con el tiempo me he dado cuenta de la importancia que tiene la comunicación y el comunicar cómo nos sentimos ante muchas situaciones de la vida diaria.

También se nos ha olvidado hablar las cosas a tiempo. Evitamos enfrentar situaciones difíciles con la excusa de no molestar, de no generar una situación incomoda, de no pasar por pesados o simplemente porque queremos ser tolerantes y ante estos escenarios preferimos callar.

Me pregunto…

¿Desde cuando decir lo que pensamos y sentimos no tiene importancia?
¿Por qué toleramos situaciones que nos molestan?
¿Por qué no somos capaces de poner limites?
¿Por qué tanta incomodidad?
¿Por qué tanto SILENCIO?

Después de haberte hecho estas preguntas, a lo mejor se te vinieron a la cabeza muchos recuerdos y quizás te diste cuenta de los momentos donde no te cuestionaste, aquello que aceptaste aunque doliera, las cosas que hiciste y que no te hacían feliz, y sobretodo cuando la felicidad de otros fue siempre más importante que la tuya.

“En medio de estas decisiones, perdiste todo lo que te hace auténtico y único. Desde ese espacio solo se percibe un incómodo y doloroso SILENCIO”

Hoy existen muchas herramientas, gurús, libros, terapias que nos permiten conocernos y aceptarnos. Pero hay una pieza fundamental de este rompecabezas que se nos pasa por alto:

“Aceptar y amar lo que somos, saber bien qué es lo que nos hace daño, construir relaciones basadas en la comunicación y en la sensatez de lo que se siente”

Todos luchamos batallas personales a diario

Todos tenemos que librar muchas batallas en diferentes frentes: personal, familiar, laboral, moral, espiritual, religioso… y es tanta la exigencia que estas batallas nos demandan que debemos hablarlo, y practicar las conductas correctas “para que todo funcione”.

Esto con el tiempo hace que de alguna manera perdamos nuestra identidad, aquella, la original;

“… y así empezamos a ocultar lo que realmente somos, lo que realmente nos gusta y sobretodo lo que nos hace realmente felices”

Al esconder tanto de nosotros y al no ser capaces de hablarlas, con el tiempo nos puede llevar hacer a forzar actitudes que no aceptaríamos con el fin de ser aceptados.

Eso nos lleva sentirnos extraños porque no logramos encajar y tendemos a aislarnos, porque es en ese aislamiento donde nos sentimos mas seguros, menos vulnerables y esa soledad con el tiempo nos irá llevando a un vacío emocional y quizás a la una dura depresión crónica de la que cuesta mucho salir.

Ese silencio, lo único que nos trae es aislamiento…

¿Por qué nos cuesta tanto recurrir a alguien que nos muestre otra ruta? ¿Que nos de otra mirada para enfrentar lo que nos pasa y sobre todo para regresar a la fuente y entender de donde venimos y lo que somos?

Darnos la oportunidad de regresar al hermoso molde de donde fuimos creados, reconocer con el amor más profundo nuestras fortalezas y dedicar tiempo a enmendar los errores que estamos cometiendo, nos permitirá mejorar nuestra calidad de vida y darnos cuenta que hay otra forma de recorrerla.

“Cuando sientas que estás por caer en un abismo donde no ves la luz, recuerda… necesitas que alguien nos alumbre y nos haga ver el horizonte, porque una vez que lo veas en toda su magnífica extensión, con seguridad retomarás el camino que dejaste atrás y volverás a ver aquellos pasos que caminaste con ojos nuevos, con una visión más clara de los errores que no vas a volver a cometer”

Quizá nos cuesta mucho pedir ayuda, tocar esa puerta que nos permita ver u oír aquello que nos negamos a comprender. Debemos aceptar que ser felices es una misión, y como tal debemos aceptar que tenemos que trabajar en nosotros mismos.

Cada vez que vamos abriendo ventanas hay nuevos paisajes que se abren ante nuestros ojos. Algunos con colores vibrantes y alegres, otros mas lúgubres y sombríos, pero de eso trata nuestra naturaleza como humanos: del contraste, sino donde estaría el balance, sino, cómo aprenderíamos.

Con seguridad esa nueva mirada más abierta, real y compasiva de quién eres, de lo que ves y sientes hará que todo tenga más sentido en tu vida. Que ese silencio que mantuviste todo este tiempo ya no es parte de tu vida, que decir lo que piensas o sientes no está mal y que por el contrario, es el mejor camino para amarte y para descubrir poco a poco de que estás hecho.

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